El origen de todo: OMETEÓTL.

Estimados lectores (e interesados en la informática y la cultura de nuestras raíces) hemos regresado con más fuerza que antes. Empezaremos con una entrada que esta dividida en varias partes. Ometeótl es la deidad dual que se encarga de la creación de los dioses y la vida en la tierra, asimismo es el creador de los trece cielos que son mencionados dentro de la cosmogonía nahoa(1). Nos hemos dado a la tarea de investigar ¿Quién fue Ometeótl? y también ¿Qué significa su nombre? ¿Cuáles fueron sus acciones como Ser Supremo y por qué no fue un dios tan conocido, siendo el más importante de todos?

Empezaremos por citar el significado de la palabra “Teotl”. Esta información ha sido recabada de el Diccionario de Mitología Nahoa que fuera escrito por Cecilio Agustín Robelo entre los años 1905 y 1908. La información en este diccionario, al parecer es contrastiva, ya que si bien Cecilio Robelo nos define las palabras de nuestro interés también hace uso de sus conocimientos y lecturas de otros autores que definieron en su momento el mismo término. En el libro de Cecilio Robelo se sostiene que sólo existen Doce Cielos, pero el Código Vaticano dice que son Trece. Por ahora empezaremos por la parte más sencilla: saber los significados de las palabras que nos llevarán a constituir el nombre en cuestión: OMETEÓTL.

Primera Parte: ¿Cómo se dice Dios en Náhuatl?

(La transcripción de la información de nuestro interés es fiel a la edición impresa que fue consultada.)

Teotl (Te es un nombre que se refiere exclusivamente a las personas, a diferencia de tla, que se refiere a las cosas; así los verbos transitivos van siempre precedidos del prefijo te o tla, tecua, comer a alguno; tlacua,  comer algo, alguna cosa; ahora bien, otl es una desinencia con la que se forman sustantivos abstractos, que tienen la significación del nombre a que se junta; así de tatli, padre, tayotl, paternidad; de tlilli, tinta negra, se forma tlillotl, negrura; de teopixqui, sacerdote, sale teopixcayotl, sacerdocio; del mismo modo, de te, persona, se forma teotl, personalidad, dios, porque dios es la persona por excelencia. Teotl: Dios, diosa. Teteo: Dioses, diosas.

Así como los cristianos, inspirándose en mitologías de la India, concibieron a Dios trino y uno, del mismo modo los nahoas concibieron a Teotl dual y uno, varón y hembra, marido y mujer. A esta dualidad la llamaron Omeyotl, y al lugar o al cielo en que moraba, lo llamaron Omeyocan «mansión de la dualidad». El varón de esta dualidad tenía el nombre de Ometecutli, y la mujer el de Omecihuatl. La Omeyotl o Dualidad creó una generación de divinidades, y en estos se confunden los sexos hasta no saber a cuál pertenecen, como sucede con Mixcoatl y con Centeotl, que unas veces son considerados como varones, y otras como mujeres, pues la mitología nos los presenta, ya como dioses, ya como diosas.

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Orozco y Berra dice que en la religión nahoa se ven unidos, un dios incorpóreo, invisible, creador y sustentador de universo, con dos dioses al parecer increados, padres de una generación de divinidades. No lo creemos así. El dios incorpóreo, invisible, creador y sustentador del universo es la Omeyotl, la Dualidad, del mismo modo que en la Trinidad cristiana se encuentra la Unidad. Estos llaman al Ser Supremo, Trino y Uno, y aquellos, los nahoas, lo llaman Dual y Uno.

Se ha hecho observar por algunos autores que la religión nahoa, desde las ideas más abstractas desciende hasta las concepciones más groseras en las ofrendas consagradas a la materia animada e inanimada: los númenes(2) son ya poderosos espíritus, hombres deificados, el pez o la rana, los astros, la fresca fuente y el monte sombrío: ya un dios único preside sobre el mundo, ya se juzga indispensable que un numen dirija cada una de las ciencias, de las artes, de las ocupaciones de la vida, de las acciones en la existencia presente y futura. Pero otros autores han hecho observar que en las mitologías griega y romana se encuentra el mismo fenómeno, y con contrastes repugnantes y abominables: Palas inspirando las ciencias, y Venus los placeres carnales; Apolo iluminando a los poetas y Baco encendiendo a los borrachos; los vicios deificados a la par que las virtudes; y sobre todo, Júpiter, el Ser Supremo, ofendiendo a su casta esposa, y arrastrándola a crueles venganzas, con sus múltiples adulterios.

Chavero afirma que la palabra teotl no expresaba un dios espiritual, y lo sustenta diciendo:

«Según todos los vocabularios significa dios; pero no el ser espiritual y único. Era más bien nombre génerico de las divinidades de los mexicas: y así tenían a Centeotl deidad del maíz, a Tlazolteotl diosa de la inmundicia, y a otras muchas. A los muertos también los llamaban teotl, y decían teotl fulano o dios fulano. En la escritura jeroglífica representaban la palabra teotl por un sol. De manera que esta voz teotl nunca daba la idea de un ser espiritual y único; era nombre común aplicado a todas las deidades, y si se personificaba en el sol, era por lo mismo representación de un ser material.»

Ya hemos visto que la Omeyotl la «Dualidad», creó una generación de seres que no fueron los hombres, y que se llamaron dioses por su procedencia inmediata del Dios Supremo. Fueron como los Ángeles de los judíos y de los cristianos, seres intermedios entre Dios y los hombres, que participaban de la naturaleza divina, y que por sus funciones para  con la humanidad se reputan dioses, pues custodian a los hombres, los guían, los premian y los castigan. También en muchas religiones se da el nombre de dioses a los muertos y aun a los vivos; tal era el fin de las apoteosis entre los griegos y los romanos; y tales son también las canonizaciones de los Santos que hace la Iglesia católica, pues, si no los llama dioses, sí les atribuye el poder de Dios, puesto que resucitan muertos, y como taumaturgos violan todas las leyes naturales. Así en la religión de lo nahoas, los dioses secundarios, los creados por la Omeyotl, son los ministros de ella; los dos Tezcatlipoca, Quetzalcoatl y Huitzilopochtli fueron los encargados para la creación del mundo visible, y otros fueron destinados para su conservación; tales fueron los que gobernaban los vientos, las aguas y el fuego, como Ehecatl, Tlaloc, Chalchiuicueye y Xiuhtecutli; y los que cuidaban de los animales y de los mantenimientos, como Mixcoatl, Amimitl, Xilomen y Chicomecoatl. En fin, como pueblos politeístas, deificaron a los mismos seres naturales, como animales, montes, aguas, vientos y frutos de la tierra; pero sin perder la idea del Ser Supremo.

Es verdad que en la escritura jeroglífica representaban con un sol la palabra teotl; pero no porque creyeran que el sol era el Ser Supremo, sino porque entre las criaturas visibles era para ellos la más grande manifestación del Dios invisible, como lo ha sido para todos los pueblos, pues da calor, luz, vida a todos los seres. Nunca pudieron los nahoas concebir al sol como el supremo dios, pues en su cosmogonía figura como criatura que aparecía y desaparecía; en el principio fue sol el dios Tezcatlipoca; desapareció éste, y lo fue el dios Quetzalcoatl; y lo fueron después sucesivamente Tlaloc y su esposa Chalchiuitlicue; por último, en la dedicación de las pirámides de Teteohuacan (hoy Teotihuacan) fue el sol Nanahuatzin, uno de los 1600 dioses que nacieron del pedernal que dio a luz la Omecihuatl y que los dioses celestiales, sus hermanos, arrojaron a la tierra. Todos estos mitos simbolizan el fuego, en el cielo, concentrado en el sol, y en la tierra, bajo la forma de pedernal, tecpatl; pero en todos ellos, aparece el Fuego, Xiutecutli tletl, como criatura que procede de la Omeyotl, y no como el Ser Supremo. Además, todas las teogonías nahoas nos dicen que la Omeyotl tenía su mansión, el Omeyocan en los cielos superiores, y ponen el fuego, al sol, en los inferiores, con el planeta Venus. Parafraseando esta teogonia hemos dicho en nuestro opúsculo Los Cuatro Soles:

El Gran Ometecutli, en Omeyocan,

Morada de placer y de riquezas,

con Omecihuatl, su inmortal consorte,

Formó los cielos de la obscura nada,

para que moren los finitos Seres

Que al mundo habrán de dar luz y la vida.

Teotlatlauchco, mansión del dios del fuego,

Cielo esplendente de rojiza lumbre,

Salió el primero de la mente increada

Para alumbrar el anchuroso espacio: (1)

El Teocozauhco, el amarillo fuego

El cielo donde el sol su luz difunde

Con que ilumina espléndida la esfera,

Ardoroso surgió del alto empíreo:(2)

Véspero su mansión tiene en Teoiztac (3)

Do blanca luz difunde rutilante:

Estos tres cielos forman el Teteocan. (4)

 

(1) Teo-tlatlauh-co se compone de teotl, dios; tlatlauhqui, rojo; co, en, donde: «En o donde el dios rojo;» pero, parafraseando el concepto, significa «mansión del dios rojo, del dios del fuego.» La creación del Teotlatlauhco equivale, en la cosmogonia nahoa, a la creación de la Luz en el Génesis de Moisés.

(2) Teocozauhco se compone de teotl, dios; cozauhqui, amarillo; co, en, donde: «donde el dios amarillo;» pero, parafraseándolo significa «mansión del dios amarillo.» La creación del Teocozauhco es la creación de la nebulosa ignea de que se formó el sol.

(3) Teo-iztac se compone de teotl, dios; iztac, blanco; la c final hace veces de la posposición co, en, donde: «donde el dios blanco.» Aquí el dios es la estrella de la tarde. Como los nahoas, en este caso, no le dan nombre especial, hemos empleado en el verso la palabra poética Véspero.

(4) Teteo-can se compone de teteo, dios, plural de teotl, dios; y de can, lugar: «morada de los dioses.» Pero de los dioses creados, porque del increado, la Omeyotl, es el Omeyocan, los cielos superiores.

 

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1) Nahoas o Nahuas:

Los nahuas son el grupo etnolingüístico más numeroso de la República Mexicana. Sin embargo, no se puede hablar de un solo grupo nahua, ya que está constituido por diversos pueblos que comparten una misma lengua pero que culturalmente presentan particularidades, debido, en gran medida, al medio en que habitan y a los procesos históricos que han experimentado. Se ubican en los estados de Puebla, Veracruz, Guerrero, Hidalgo, Tlaxcala, Morelos, Estado de México, Oaxaca, Michoacán, Jalisco, Durango, San Luis Potosí y el Distrito Federal.

2) Numen:

 culto Inspiración del escritor o del artista: el numen del pintor le dictaba imágenes de penumbra y miseria.

  Espíritu que guiaba al ser humano y a los fenómenos naturales entre los antiguos romanos.

  Dios que adoraban los paganos.

Hipervínculos consultados:

http://www.mna.inah.gob.mx/index.php/salas-de-exhibicion/permanentes/etnografia/los-nahuas.html
http://es.thefreedictionary.com/n%C3%BAmenes

Bibliografía consultada:

ROBELO, Cecilio (1980), Diccionario de Mitología Nahoa, Innovación, México.

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